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El Ejército Nacional de Colombia retiró la totalidad de sus blindados EE-9 Cascavel, poniendo término a más de cuatro décadas de servicio de uno de los principales sistemas de combate de la Caballería colombiana. La institución mantenía 63 unidades en servicio distribuidas en diferentes regiones del país, pero ha iniciado el proceso administrativo que apunta a su desmilitarización, desintegración física y destrucción irreversible, sin que exista actualmente un reemplazo directo para su capacidad de combate blindado con cañón de 90 mm.

El proceso contempla la contratación de un servicio especializado para la desmilitarización, desintegración física total, destrucción y destinación final de las plataformas 6x6 EE-9 Cascavel, junto con sus repuestos, sistemas, herramientas y demás elementos asociados. El procedimiento incluye el transporte de los vehículos, su disposición final, la emisión de certificaciones, el registro documental y fotográfico y las actividades técnicas, logísticas y administrativas necesarias para completar la eliminación física de los equipos.

La decisión representa el cierre de un ciclo iniciado en 1982, cuando Colombia adquirió a la empresa brasileña Engesa 128 EE-9 Cascavel, junto con 56 vehículos blindados de transporte de personal EE-11 Urutu. Los Cascavel se convirtieron desde entonces en la principal plataforma de combate sobre ruedas de la Caballería colombiana y fueron desplegados tanto en las fronteras terrestres como en operaciones contra grupos armados ilegales, control territorial, seguridad de carreteras y misiones del Plan Meteoro.

El EE-9 es un vehículo blindado de reconocimiento y combate 6x6, desarrollado por Engesa a partir de la década de 1970. Su principal elemento de potencia de fuego es un cañón Cockerill/Engesa EC-90 de 90 mm, instalado en una torre para tres tripulantes. La configuración colombiana empleó municiones de alto explosivo, antiblindaje HEAT y HESH, además de munición fumígena y antipersonal. El armamento secundario estaba compuesto por una ametralladora coaxial de 7,62 mm y una ametralladora de similar calibre montada externamente. 

A lo largo de su permanencia en Colombia, los vehículos recibieron diferentes trabajos de recuperación y modificación. Entre las intervenciones registradas figuran la incorporación de blindaje adicional, que elevó el peso de determinadas unidades hasta aproximadamente 13,4 toneladas, el reemplazo de la transmisión original por una Mercedes-Benz COH-DOK 390 6x6 y la repotenciación del motor Detroit Diesel 6V-53N hasta unos 212 hp. La velocidad máxima se mantuvo en torno a los 100 km/h, una característica que permitió al Cascavel desempeñar misiones de reconocimiento, seguridad y reacción rápida. También se incorporaron telémetros láser Vectronix LRF-4 en los sistemas de puntería. 

La historia operacional del Cascavel en Colombia estuvo estrechamente vinculada a la evolución de la Caballería. Su movilidad sobre seis ruedas permitió emplearlo en carreteras y zonas rurales donde los vehículos de cadenas presentaban mayores restricciones logísticas. La plataforma fue utilizada en operaciones contrainsurgentes, acciones contra el narcotráfico y seguridad vial, y durante años constituyó el principal medio de fuego directo de las unidades mecanizadas colombianas.

La relevancia del retiro no se limita a la desaparición de una plataforma veterana. Con la salida del Cascavel, el Ejército pierde el único sistema de armas que proporcionaba una capacidad orgánica de fuego directo de alto poder contra vehículos blindados gracias al cañón de 90 mm. Para enfrentar esta pérdida de capacidad de fuego, la Caballería colombiana dispone de misiles antitanque Spike LR y ER, sistemas diseñados para enfrentar blancos blindados, pero desafortunadamente su función es diferente a la de un vehículo de combate con cañón integrado y su disponibilidad numérica no compensa la cantidad de plataformas Cascavel que históricamente estuvieron desplegadas para enfrentar amenazas externas.
El Ejército de Colombia retiró todos sus blindados EE-9 Cascavel tras más de cuatro décadas de servicio
El Ejército de Colombia retiró todos sus blindados EE-9 Cascavel tras más de cuatro décadas de servicio
Con el retiro de esta plataforma, las principales armas de fuego que equipan a los vehículos blindados de la caballería y la infantería mecanizada del ejército de Colombia (LAV III, M1117 y M113) destinados a defender la soberanía y a servir de disuasión estratégica, son simples ametralladoras pesadas de 12,7 mm (.50), que si bien proporcionan capacidad contra personal y vehículos ligeros, jamás podrían sustituir a un cañón de 90 mm en el combate contra vehículos blindados. 

La cuestión resulta especialmente relevante para las unidades desplegadas en las fronteras terrestres, donde el Ejército ha mantenido históricamente vehículos blindados como elemento de presencia, reconocimiento y disuasión frente a posibles escenarios de conflicto convencional, como parte de la primera línea de defensa frente a un eventual conflicto internacional. 

El retiro de esta plataforma en colombia también contrasta con la decisión adoptada por Brasil, país fabricante del Cascavel, que ha optado por modernizar la plataforma en lugar de eliminarla. El Ejército Brasileño desarrolla el programa Cascavel NG, que incluye la revitalización del chasis, torre, transmisión, suspensión y cañón de 90 mm, junto con un nuevo motor MWM 6.12TCE de aproximadamente 220 hp, transmisión automática Allison, sistema de regulación de presión de neumáticos, aire acondicionado y nuevos sistemas electrónicos. 

La modernización brasileña incorpora además nuevos sistemas optrónicos para el conductor, comandante y artillero, visión diurna y nocturna, computadora de tiro, sistemas de mando y control y cámaras para proporcionar conciencia situacional de 360 grados. El sistema de control de la torre permite operar el cañón mediante joystick y el programa contempla incluso la posibilidad de integrar un sistema de misiles antitanque. En marzo de 2026, el Ejército Brasileño realizó nuevas pruebas operacionales del Cascavel modernizado, incluyendo ejercicios de tiro con el cañón de 90 mm contra blancos situados hasta a 1.000 metros y pruebas de los lanzadores de granadas fumígenas. 

Colombia también estudió durante años alternativas para actualizar sus Cascavel, como es el caso de un proyecto iniciado en 2009 por Andcom y la Dirección de Blindados del Ejército para modernizar el sistema de puntería y automatizar la torre ET-90. El proyecto se inscribía en una serie de iniciativas destinadas a prolongar la vida operacional de la plataforma, aunque finalmente no se materializó una modernización integral de la flota. 

La decisión de destruir las 63 unidades todavía operativas plantea además una cuestión de gestión de capacidades de reserva. La antigüedad del diseño, la disponibilidad de repuestos, el estado estructural de las células y el costo de recuperar una plataforma concebida en la década de 1970 son factores relevantes para determinar su continuidad. Sin embargo, la alternativa no necesariamente tendría que limitarse a mantener los vehículos en primera línea. Una parte de las unidades podría haber sido sometida a procesos de recuperación selectiva y conservada como reserva movilizable para contingencias de carácter externo, particularmente mientras el Ejército no disponga de un reemplazo directo con capacidad de fuego de similar categoría.

La propia experiencia brasileña demuestra que la arquitectura básica del Cascavel todavía puede recibir sistemas contemporáneos de control de tiro, sensores electroópticos, comunicaciones, motorización y gestión de movilidad. Esto no convierte al vehículo original en una plataforma equivalente a un carro de combate moderno, pero permite mantener una capacidad de fuego directo de 90 mm dentro de una plataforma de alta movilidad.

Para Colombia, la cuestión adquiere mayor importancia ante la ausencia de un programa anunciado que sustituya inmediatamente la capacidad antiblindaje de fuego directo proporcionada por el Cascavel. La Caballería dispone de misiles Spike y otros sistemas antitanque documentados en su inventario, pero el misil y el cañón de un vehículo 6x6 cumplen funciones tácticas distintas: el primero permite ataques de precisión a distancia y desde posiciones determinadas, mientras que el segundo aporta fuego directo sostenido, movilidad, capacidad de acompañamiento a unidades mecanizadas y disponibilidad inmediata frente a blancos que aparecen durante el movimiento. 

El Ejército ha justificado el retiro de los Cascavel por la antigüedad de las unidades y la falta de viabilidad para continuar con procesos de recuperación o modernización, y no contempla actualmente la adquisición de una plataforma equivalente. En 2025 la institución señaló de manea vehemente que descartaba la compra de vehículos similares por razones de costos y limitaciones logísticas. 

La baja definitiva del EE-9 Cascavel deja a la caballería colombiana en una situación de vulnerabilidad en la que la capacidad de combate contra blindados dependerá en mayor medida de sistemas de misiles antitanque, mientras las plataformas blindadas actualmente dotadas de ametralladoras pesadas mantienen funciones de transporte y protección.
El Ejército de Colombia retiró todos sus blindados EE-9 Cascavel tras más de cuatro décadas de servicio
El Ejército de Colombia retiró todos sus blindados EE-9 Cascavel tras más de cuatro décadas de servicio
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