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Lockheed Martin Corp, el fabricante del avión furtivo F-35, se unirá a un proyecto liderado por Mitsubishi Heavy Industries (MHI) para construir el nuevo avión de combate sigiloso para la Fuerza Aérea Japonesa, que entrará en servicio a mediados de la década de 2030, informó el periódico The Nikkei. La participación de Lockheed como socio menor en el programa era esperada, luego que la empresa norteamericana le ofreciera al país nipón un diseño híbrido basado en sus aviones F-35 y F-22.

El Ministerio de Defensa de Japón delineó el proyecto de aviones de combate de próxima generación seleccionando a Mitsubishi Heavy Industries como el principal contratista para liderar las empresas japonesas y estadounidenses, con el contratista de defensa estadounidense Lockheed Martin brindando apoyo tecnológico.

El programa para el nuevo caza conocido como F-3 o F-X costará alrededor de $40 mil millones de dólares y reemplazará al F-2 de Japón que también fue desarrollado conjuntamente por MHI y Lockheed hace más de dos décadas. Japón ha dicho que anunciará los nombres de las empresas extranjeras invitadas a unirse al proyecto antes de fin de año.

Las empresas que han expresado interés en participar incluyen al constructor de F-18 Super Hornet Boeing Co y Northrop Grumman Corp de los Estados Unidos, así como también a las británicas BAE Systems Plc y Rolls Royce Holdings Plc.

Japón planea fabricar alrededor de 90 aviones, que sucederán al envejecido F-2, con un despliegue programado para 2035. Se espera que el costo del proyecto supere los 5 billones de yenes. Los costos de planificación inicial se incluirán en el borrador del presupuesto fiscal 2021 que será aprobado por el gabinete japonés a finales de este mes.
El pasado mes de octubre, el Ministerio de Defensa firmó un contrato con Mitsubishi Heavy Industries para el diseño de la aeronave y la integración de sistemas. Mientras que la corporación de ingeniería IHI desarrollará el motor, Subaru estará a cargo del tren de aterrizaje, mientras que Toshiba y el grupo de TI Fujitsu producirán su radar. El sistema de misión, que controla la guerra electrónica, será desarrollado por Mitsubishi Electric.

El gobierno japonés visualiza el nuevo avión como un caza polivalente, capaz de atacar objetivos terrestres y marítimos, así como participar en combates aéreos. Tendrá sigilo además de funciones de red para continuar las operaciones incluso si es perturbado por interferencia electromagnética.

Con estos aviones de combate de vanguardia, Tokio busca crear un baluarte de seguridad para enfrentar la creciente influencia regional de China y Rusia. Según el Ministerio de Defensa, China tiene más de 1.000 cazas de cuarta generación, que considera como el pilar de sus fuerzas de defensa. El número de estos jets se ha triplicado en los últimos 10 años. 

Beijing también apunta a desplegar cazas de quinta generación con capacidades de sigilo. Mientras tanto, Rusia también planea introducir un avión de quinta generación, al mismo tiempo que desarrolla un vehículos aéreos no tripulados de combate.

Como la última experiencia de las empresas japonesas en el desarrollo de aviones de combate fue hace más de 40 años con el F-1, Tokio está buscando apoyo técnico de empresas extranjeras. En noviembre, el Ministerio de Defensa había reducido los posibles candidatos a Lockheed, Boeing y BAE Systems, empresas que fueron evaluadas en tres áreas: capacidades de integración de sistemas como radares y misiles, gran sigilo y tecnología de desarrollo eficiente.

Lockheed fue elegido por su potencial para profundizar la alianza Japón-Estados Unidos, así como por su historial de desarrollo. La compañía estadounidense es la creadora los aviones de combate líderes en el mundo, el F-22 y el F-35, y tiene una sólida reputación en tecnología furtiva. El soporte técnico que brindará a Mitsubishi Heavy será principalmente en el diseño de la estructura del avión y la integración de sistemas.

Tokio enfatiza la interoperabilidad del avión con los sistemas de defensa existentes en Japón y los Estados Unidos. En preparación para una situación de crisis, el nuevo avión podrá compartir datos con los F-22 y F-35 del ejército estadounidense, lo que facilitará el desarrollo conjunto de operaciones.
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