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La Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha iniciado el proceso de retirar del servicio activo a toda su flota de aviones de reabastecimiento en vuelo KC-10 Extender, los cuales serán reemplazado en los próximos años por los modernos aviones KC-46 Pegasus fabricados por Boeing. La primera de estas aeronaves ya ha sido trasladads a las instalaciones de almacenamiento de la Base Aérea de Davis Monthan en Arizona, donde la USAF planea retirar toda su flota durante los próximos cinco años.

El avión retirado con número de serie 86-0036, pertenecía al 305ª Ala de Movilidad Aérea de la Base Aérea de McGuire, Nueva Jersey, y tenía 32 años de antigüedad. Llegó al 309º Grupo de Mantenimiento y Regeneración Aeroespacial (AMARG), coloquialmente conocido como The Boneyard, el pasado 13 de julio.

Dos KC-10 más serán retirados antes de fin de año. A partir de 2021, se retirarán hasta doce aeronaves por año. Todo este proceso se desarrolla mientras que la Fuerza Aérea de los EE.UU. está teniendo problemas con sus capacidades de reabastecimiento aéreo, tanto para sus propias necesidades como para las de sus aliados.

Para empeorar las cosas, el reemplazo de la flota de aviones de repostaje en vuelo no ha sido nada fácil. Después de años de retrasos en la producción, el KC-46 Pegasus tiene tres deficiencias cruciales por resolver.

Cuando se entregó la primera aeronave el 10 de enero de 2019, más de un año después de la fecha prevista, se descubrió que el «Sistema de Visión Remota» (RVS), desarrollado por Rockwell Collins, no funcionaba como estaba previsto, especialmente bajo ciertas condiciones de luz. El RVS está compuesto por varios sensores y cámaras que deben ayudar al operador durante el reabastecimiento aéreo, pero la USAF ha descubierto discrepancias entre el movimiento mostrado por el RVS y lo que estaba sucediendo realmente.

Otro problema fue el diseño de la propia pértiga de repostaje. Varios aviones de la USAF, incluyendo el avión de ataque terrestre A-10, no pudieron generar suficiente empuje para conectarse a ella. Boeing recibió 55,5 millones de dólares de la USAF para arreglarlo.

El último fallo detectado fue el de las «fugas excesivas de combustible» que se descubrieron durante una prueba de reabastecimiento de combustible en julio de 2019. Según el contrato, ahora le corresponde al fabricante encontrar una solución para este nuevo problema con sus propios fondos.

Las entregas de los aviones se suspendieron varias veces por problemas de calidad: dos veces en el 2019 después de que se encontraran herramientas sueltas en el interior de los aviones recibidos, y una vez en este año después de que se descubrieran restos de objetos extraños (FOD) en los depósitos de combustible.
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