El Gobierno de Colombia autorizó la realización de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos contra organizaciones terroristas y redes vinculadas al narcotráfico, en una decisión que abre una nueva etapa en la cooperación operacional entre ambos países. La autorización fue anunciada el 12 de agosto por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, durante el segundo foro de la Coalición de las Américas contra los Carteles (A3C) celebrado en Panamá, pocos días después de la posesión del presidente Abelardo de la Espriella.
Hegseth afirmó que el nuevo Gobierno colombiano había solicitado formalmente la participación estadounidense en su campaña contra el denominado narcoterrorismo. “A través del presidente recién posesionado, Colombia ya solicitó que el Departamento de Guerra se una a su lucha contra el narcoterrorismo, autorizando operaciones militares conjuntas para destruir a los terroristas y las redes terroristas”, declaró el funcionario estadounidense.
Hegseth también señaló que Colombia ha ofrecido capacidades para servir como punto de apoyo de operaciones estadounidenses en la región. “Se ofrecieron como cuartel general o centro de operaciones para la Fuerza Aérea de Estados Unidos”, afirmó el secretario.
El anuncio adquiere especial relevancia porque Hegseth confirmó que la posibilidad de realizar ataques conjuntos contra organizaciones armadas colombianas fue discutida directamente con el ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora. Consultado específicamente sobre eventuales acciones contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las FARC, el secretario estadounidense respondió afirmativamente. También señaló que las organizaciones designadas como terroristas, en coordinación con gobiernos asociados, pueden constituir objetivos de Estados Unidos.
Por ahora, Washington y Bogotá no han divulgado un plan operacional que establezca las unidades participantes, el número de militares estadounidenses que podrían intervenir, las áreas de despliegue, los objetivos iniciales o el calendario de las operaciones. Por ello, el anuncio debe entenderse como la autorización política para avanzar hacia operaciones conjuntas y no como la confirmación de una campaña militar estadounidense ya desplegada en Colombia.
Colombia se incorporó además a la A3C como su decimonoveno miembro, dentro del marco regional denominado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por la administración de Donald Trump para coordinar a países del hemisferio en operaciones contra organizaciones dedicadas al narcotráfico y otras estructuras criminales transnacionales. La adhesión colombiana fue formalizada en Panamá por el ministro Jorge Eduardo Mora, quien acompañó a Hegseth durante el encuentro.
La incorporación representa un cambio en la posición de Bogotá frente a esta iniciativa. El Gobierno anterior de Gustavo Petro no participó en la cumbre inicial que dio origen al Escudo de las Américas, mientras que la nueva administración decidió integrarse a la estructura desde sus primeras semanas. Hegseth vinculó directamente esta decisión con el nuevo enfoque de seguridad colombiano y con la disposición de Bogotá a desarrollar operaciones coordinadas con Washington.
La cooperación tampoco parte de cero. Colombia mantiene desde hace décadas programas de entrenamiento, intercambio de inteligencia, asistencia técnica y cooperación antinarcóticos con Estados Unidos. La nueva administración busca llevar esa relación hacia un modelo con mayor integración operacional. Hegseth destacó la experiencia acumulada de las Fuerzas Militares colombianas y afirmó que el país cuenta con “cientos de miles de efectivos militares altamente capacitados” producto de décadas de cooperación con Estados Unidos.
El cambio se produce además en paralelo al paquete de asistencia anunciado por Washington por USD 1.000 millones para fortalecer la seguridad colombiana. La ayuda, todavía sujeta al proceso presupuestario estadounidense, contempla apoyo para las capacidades de seguridad, tecnología, lucha contra el narcotráfico y cooperación operacional. El anuncio de las operaciones conjuntas añade ahora una dimensión militar directa a esa nueva relación.
La primera referencia regional para este modelo es Ecuador. El Gobierno de Daniel Noboa inició en marzo operaciones conjuntas con Estados Unidos contra organizaciones criminales designadas como terroristas por Washington. Durante el encuentro de Panamá, el ministro de Defensa ecuatoriano, Gian Carlo Loffredo, mantuvo conversaciones con Hegseth junto al ministro del Interior y el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Quito indicó que el contenido de esas reuniones permanece clasificado, aunque confirmó que se analizaron los pasos siguientes y las acciones que serán desarrolladas en territorio ecuatoriano.
El caso colombiano adquiere una relevancia adicional dentro de la estrategia estadounidense porque Bogotá no solo ha aceptado participar en la A3C, sino que Hegseth asegura que el Gobierno de De la Espriella autorizó específicamente operaciones militares conjuntas. Estados Unidos ya había planteado que las acciones contra las redes de narcotráfico podían extenderse desde operaciones marítimas hacia objetivos terrestres. La incorporación de Colombia proporciona un escenario en el que las fuerzas estadounidenses y una fuerza militar nacional con amplia experiencia en operaciones contrainsurgentes podrían desarrollar actividades coordinadas contra estructuras armadas establecidas dentro del territorio.
El alcance de estas operaciones todavía está por definirse. No existe información pública sobre el número de militares estadounidenses que podrían desplegarse en Colombia, las unidades colombianas involucradas, las zonas de operación, los objetivos iniciales o las reglas de enfrentamiento. Tampoco se ha confirmado la asignación de plataformas específicas. Cualquier empleo de aeronaves de transporte, helicópteros de movilidad táctica, medios ISR o fuerzas de operaciones especiales deberá establecerse mediante acuerdos y órdenes operacionales posteriores.
La dimensión jurídica y política también será determinante. La autorización anunciada por Hegseth establece la voluntad del Ejecutivo colombiano de avanzar en la cooperación, pero todavía deben concretarse los mecanismos mediante los cuales personal militar estadounidense podrá participar en actividades dentro del país. La información disponible hasta ahora no permite establecer si las primeras misiones serán de inteligencia y apoyo, operaciones de interdicción, asesoramiento táctico o acciones cinéticas contra organizaciones armadas.
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| Colombia y Estados Unidos realizarán operaciones militares conjuntas contra grupos narcoterroristas |


