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Tras 23 días del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el avance de las Fuerzas Armadas del Kremlin parece haber llegado a un punto de estancamiento debido a la fuerte resistencia del Ejército Ucraniano y los voluntarios de la Fuerza de Defensa Territorial. Imágenes de centenares de tanques de guerra y blindados rusos destruidos -así como helicópteros derribados- llenan las redes sociales, demostrando que la operación relámpago que fue planeada por el régimen de Vladimir Putin se ha convertido en un suplicio y dolor de cabeza para el alto mando militar ruso.

Tal ha sido la resistencia, determinación y capacidad de combate de las tropas ucranianas (ayudadas en buena parte por decenas de miles de armas antitanque y antiaéreas enviadas por países de la OTAN) que incluso los tripulantes de los modernos y -supuestamente- poderosos helicópteros de ataque rusos han recurrido a tácticas que han dejado desconcertados a muchos observadores y expertos en aviación militar.

Imágenes recientes publicadas en la red social Telegram, muestran a los helicópteros de ataque rusos lanzando cohetes no-guiados de manera indiscriminada a gran distancia y sin tener certeza de donde van a caer, en un intento por evitar entrar a las zonas con fuerte presencia ucraniana y ser derribados por uno de los miles de misiles antiaéreos Stinger o Igla en manos del ejército defensor.

Los videos que acompañan este artículo muestran helicópteros de combate de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, Ka-52 Hokum y Mi-28N Havoc, lanzando cohetes de una forma nunca antes vista, con el fin de que tomen una trayectoria parabólica y poder atacar a distancia una zona particular.

Las aeronaves primero inician un vuelo rasante a alta velocidad para luego realizar un ascenso repentino y escarpado, disparando toda la salva de cohetes alojados en sus lanzaderas a medida que ganan altura. Al mismo tiempo, lanzan bengalas infrarrojas, una práctica típica para contrarrestar los sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS) que prevalecen en manos ucranianas. Luego, los helicópteros se desvían hacia la izquierda, descienden a una altitud más baja y se alejan volando a pocos metros del terreno.

Lo que se aprecia en los videos indica muy probablemente que los helicópteros Ka-52 y Mi-28 se han convertido -a la fuerza- en una especie de lanzadores tipo MLRS (Multiple Launch Rocket System) aerotransportados; disparando los cohetes en una trayectoria ascendente, lo que extendería su alcance en un margen considerable, pero al mismo tiempo reduciría sustancialmente su precisión.

Los cohetes no guiados -como el S-8 de 80 mm que emplean los helicópteros rusos- son armas de fuego directo, lo que significa que deben seguir una línea recta hacia el objetivo para alcanzarlo con precisión. Lanzarlos en una trayectoria parabólica asegurará que vuelen más lejos, pero también que se dispersen mucho más allá del blanco.

Es muy posible que la decisión de lanzar cohetes de esta manera fuera tomada por el importante número de helicópteros rusos que han sido derribados durante el conflicto, donde este tipo de aeronaves ha demostrado ser especialmente vulnerables. Hasta el momento, existe evidencia firme de que las fuerzas rusas han perdido por lo menos cinco Ka-52 por acción enemiga durante los combates, así como evidencia creíble de al menos un Mi-28N fue derribado. Es probable que el número real de fuselajes perdidos sea mucho mayor.

Cualquiera que sea exactamente la razón del uso de estas tácticas, el hecho de que estos avanzados helicópteros de ataque, con sus extensos sistemas de autoprotección, se vean obligados a lanzar sus armas de esta manera habla de la eficiencia continua de defensas aéreas ucranianas y del impacto que significa el uso extendido de misiles tipo MANPANDS en un teatro de operaciones complejo y disputado como el ucraniano.

Justamente hace dos días el gobierno de Estados Unidos aprobó el envío de un paquete de ayuda militar a Ucrania valorado en 800 millones de dólares el cual incluye un lote de 800 sistemas antiaéreos Stinger que se suman a otros cientos de misiles donados por países europeos, con el fin de contrarrestar el poder aéreo ruso.
Por miedo a los misiles antiaéreos ucranianos, los helicópteros de ataque rusos cambian sus tácticas por unas menos precisas y más indiscriminadas.
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