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Estados Unidos trasladó un número no especificado de aeronaves no tripuladas MQ-9 Reaper desde África hacia Colombia y Ecuador para reforzar las operaciones de vigilancia, inteligencia y potencial empleo de ataques de precisión contra organizaciones vinculadas al narcotráfico, según informaron funcionarios estadounidenses citados por The New York Times. El movimiento forma parte de la estrategia de la administración de Donald Trump para ampliar las operaciones militares estadounidenses contra organizaciones criminales en América Latina y extenderlas desde las acciones contra embarcaciones sospechosas hacia objetivos terrestres.

Dos funcionarios estadounidenses familiarizados con la decisión confirmaron el redespliegue bajo condición de anonimato debido a que no estaban autorizados para hablar públicamente sobre una operación militar. El número total de aeronaves trasladadas no fue divulgado. La información señala que se trata de un grupo reducido de Reaper y que algunas unidades ya se encuentran operando en la región.

Colombia y Ecuador acordaron desarrollar operaciones conjuntas con Estados Unidos dentro de sus respectivos territorios. En Ecuador, el ministro de Defensa Nacional, Gian Carlo Loffredo, confirmó la entrega de dos drones para tareas de cooperación y señaló que las aeronaves ya realizan misiones dentro del espacio aéreo ecuatoriano. Estas operaciones están orientadas al reconocimiento, seguimiento e interdicción de organizaciones criminales en el marco de la estrategia del Gobierno de Daniel Noboa.

En Colombia, las autoridades acordaron la recepción de tres MQ-9 Reaper como parte de la cooperación bilateral en materia de defensa y seguridad. La Fuerza Pública analiza además la adquisición de una aeronave adicional para ampliar sus capacidades de vigilancia e inteligencia frente a grupos armados y redes dedicadas al tráfico de cocaína. El empleo de estas plataformas está vinculado a operaciones destinadas a localizar mandos, corredores de tráfico y centros de producción de drogas en áreas selváticas, montañosas y fronterizas.

Entre las estructuras que aparecen como posibles objetivos de las operaciones figuran el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC asociadas a Iván Mordisco, la Segunda Marquetalia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Washington ha designado a estas organizaciones como organizaciones terroristas, una clasificación que amplía el marco para la cooperación militar entre Estados Unidos y los países de la región.

El redespliegue de los Reaper coincide con la decisión estadounidense de ampliar el alcance de sus operaciones militares contra organizaciones de tráfico de drogas. El general Francis L. Donovan, comandante militar estadounidense responsable de la mayor parte de América Latina, afirmó que Estados Unidos contempla extender las operaciones desde ataques contra embarcaciones hacia acciones contra objetivos terrestres.

Francisco Palmieri, exdiplomático estadounidense que participó en la formulación de la estrategia de lucha contra el narcotráfico de Washington y que ejerció como embajador interino en Colombia durante la administración de Joseph R. Biden Jr., describió el traslado de los drones como “una señal significativa de que la administración se está tomando esto en serio”. Palmieri añadió: “Pero como símbolo político, es inequívoco. Es una señal de compromiso para ampliar tanto el nivel como el tipo de cooperación”.

El MQ-9 Reaper es un sistema aéreo no tripulado de gran autonomía desarrollado por General Atomics Aeronautical Systems para misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y ataque. La aeronave puede integrar sensores electroópticos e infrarrojos, sistemas de vigilancia persistente y equipos destinados a la recopilación de inteligencia electrónica y la interceptación de comunicaciones. Su arquitectura permite transmitir información obtenida por los sensores en tiempo real a estaciones terrestres y otros elementos de mando y control.

La plataforma tiene una longitud de aproximadamente 11 metros, una envergadura de 20,1 metros y una altura de 3,8 metros. Su peso máximo al despegue ronda los 4.760 kilogramos y está propulsada por un motor turbohélice Honeywell TPE331-10GD de 900 shp. El Reaper puede alcanzar una velocidad máxima cercana a 240 nudos y operar a una altitud de hasta 50.000 pies. Su autonomía puede superar las 27 horas en determinadas configuraciones de misión, lo que permite mantener vigilancia prolongada sobre áreas de interés.

El sistema dispone de siete puntos de anclaje externos y puede transportar una combinación de sensores y armamento. Entre las armas empleadas por la plataforma se encuentran los misiles AGM-114 Hellfire y bombas guiadas de precisión de la familia GBU-12, GBU-38 entre otras, además de otros sistemas compatibles con su arquitectura de misión. Esta combinación permite que una misma plataforma realice vigilancia persistente, identificación y seguimiento de objetivos y, cuando la misión y las reglas de empleo lo autorizan, ataques de precisión.

La capacidad de permanencia prolongada constituye uno de los elementos centrales de su empleo operativo. El Reaper puede mantener una aeronave sobre un área determinada durante períodos extensos para obtener patrones de actividad, seguir movimientos de personas o vehículos y proporcionar información a las fuerzas desplegadas. Esta capacidad amplía las operaciones de inteligencia sobre zonas selváticas, montañosas y fronterizas en las que las condiciones geográficas dificultan la vigilancia terrestre continua.

Estados Unidos ha empleado el MQ-9 en operaciones contra Estado Islámico y Al Qaeda en Medio Oriente y contra Al Shabab en África. La plataforma también adquirió notoriedad por su participación en la operación estadounidense que mató en Bagdad, en enero de 2020, al general iraní Qassim Suleimani, comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. En el ámbito militar estadounidense, sus capacidades de vigilancia y ataque han llevado a identificarlo como un sistema de tipo “cazador-asesino”.

El despliegue en Sudamérica se produce además en un contexto de disponibilidad reducida de la flota estadounidense. Según la información publicada por The New York Times, un MQ-9 puede alcanzar un costo de hasta 50 millones de dólares y Estados Unidos perdió al menos 45 aeronaves, cerca de una cuarta parte de su flota total, durante la reciente guerra con Irán y las operaciones en Yemen.

En Colombia, la incorporación de los Reaper amplía el componente aéreo de las operaciones contra estructuras armadas y redes de narcotráfico mediante una plataforma capaz de realizar vigilancia persistente y recopilar información en tiempo real. El esquema se integra con mecanismos de cooperación que hasta ahora habían tenido un peso significativo en el patrullaje marítimo, el intercambio de inteligencia y las operaciones contra embarcaciones utilizadas para transportar cargamentos ilícitos.

La presencia de los MQ-9 también introduce una capacidad de vigilancia sobre objetivos terrestres en zonas de difícil acceso y permite sostener misiones de reconocimiento durante períodos prolongados. En Ecuador, las dos aeronaves entregadas ya ejecutan misiones dentro del espacio aéreo nacional bajo el marco de cooperación con Estados Unidos, mientras Colombia avanza en la recepción de tres unidades y estudia incorporar una cuarta plataforma.

Los ministerios de Defensa de Colombia y Ecuador no respondieron a las consultas formuladas sobre el despliegue, mientras que el Departamento de Defensa de Estados Unidos tampoco proporcionó información inmediata sobre el número de aeronaves trasladadas ni sobre las condiciones operativas específicas de las misiones.
Estados Unidos desplegó drones MQ-9 Reaper en Colombia y Ecuador para ampliar operaciones contra grupos narcoterroristas
Estados Unidos desplegó drones MQ-9 Reaper en Colombia y Ecuador para ampliar operaciones contra grupos narcoterroristas
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