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Colombia, el mayor productor mundial de cocaína , aumentó casi un 13 % los cultivos de hoja de coca en 2022 hasta alcanzar el récord de 230.000 hectáreas, según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc) publicado este lunes. Hasta 2021 el país tenía 204.000 hectáreas de plantíos de coca, un 43 % más que en 2020.

La cifra de 230.000 hectáreas de plantaciones de coca en 2022 es la más alta registrada por la ONU desde que comenzó a controlar la producción de cocaína en 2001 en el país. Durante el pasado año, la producción potencial de cocaína también llegó a su nivel más alto en dos décadas, con un aumento del 24%, a 1.738 toneladas métricas.

La coca es el ingrediente principal de la cocaína, cuya producción ha alimentado el conflicto armado de seis décadas en el país andino y ha causado la muerte a más de 450.000 personas en el país suramericano. 

"Es preocupante que cada año haya un aumento de los cultivos de coca en el país", afirmó la directora regional de la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito (UNODC), Candice Welsch, durante la presentación del informe.

El repunte se debió a un aumento de los cultivos en el sureño departamento colombiano de Putumayo, a lo largo de la frontera con Ecuador, dijo Welsch. El 65% de los cultivos de coca se concentran en los departamentos de Nariño y Putumayo (sur), ambos fronterizos con Ecuador, y en el departamento de Norte de Santander (noreste), fronterizo con Venezuela.

El Gobierno de Gustavo Petro coincide con los datos del documento de Naciones Unidas en cuanto a la concentración de las plantaciones de la hoja de coca. Leonardo Correa, coordinador del Sistema Integral de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), señaló que el aumento de los cultivos de coca se ha concentrado sobre todo en el sur del país.

"Si uno mira Colombia sin Putumayo, uno tendría un incremento del 3 %, es decir, una tendencia a la estabilidad", dijo Correa, que además destacó que en el 14 % de los territorios donde hay coca se produce el 44 % de la cocaína, lo que, según Correa, "implica que estas zonas no solo tienen más hectáreas sino que las hectáreas son más productivas".

A pesar de ello, el primer Gobierno izquierdista de la historia de Colombia quiso hacer énfasis en una desaceleración en el crecimiento de las plantaciones de coca. 

El ministro de Justicia, Néstor Osuna, resaltó en la presentación del informe de la UNODC que aunque sí hubo un aumento respecto al año anterior (del 13 % en 2022 respecto a 2021) este fue menor que el del año anterior (del 41 % en 2021 respecto a 2020).

"Se está aplanando la curva: pasar del 41 % al 13 % es significativo", dijo Osuna, quien se mostró "preocupado" por las cifras, pero aseguró que el "aplanamiento de la tendencia" indica, a su parecer, que las políticas del nuevo Gobierno funcionan, a pesar de que el nuevo Ejecutivo asumió en agosto de 2022.

El informe de la ONU sale apenas dos días después de la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas. Allí el presidente colombiano Gustavo Petro y su homólogo mexicano Andrés Manuel López Obrador se reunieron para impulsar una nueva política de lucha contra las drogas.

Los principales destinos de exportación de la droga generada con la coca son Estados Unidos y varias naciones europeas, que pasaron de recibir 1.400 toneladas de cocaína a 1.738 toneladas.

En ese sentido, el mandatario colombiano resaltó la responsabilidad del problema del narcotráfico de los países consumidores y cuestionó la eficacia de la guerra contra las drogas impulsada por Estados Unidos, un método que ha durado décadas pero no ha logrado menguar ni la producción de coca ni el tráfico de cocaína.

"Nos da miedo decir que ustedes, que tienen la mayor parte de consumidores de esas drogas, están equivocados".

La nueva política que proponen ambos mandatarios llama a abordar el problema de las drogas con un enfoque en los derechos humanos, el cuidado del ambiente, el respeto por las tradiciones campesinas e indígenas, la salud mental, la protección comunitaria y el combate a la desigualdad social.

Colombia y México, países clave en el negocio del narcotráfico, destacaron la necesidad de contrarrestar el flagelo de las drogas apuntando a sus causas estructurales, como la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia. Así como impulsar proyectos de desarrollo en comunidades que cultivan coca, garantizando su tránsito a actividades lícitas.

En ese orden de ideas, el presidente Gustavo Petro, primer mandatario de izquierda de Colombia, se comprometió a cambiar el enfoque de la lucha contra las drogas hacia la salud pública en lugar de lo que dice es una estrategia militarizada fallida.

El Gobierno colombiano propone ayudar a las comunidades rurales a sustituir unas 100.000 hectáreas de cultivos de coca durante los próximos cuatro años.

El presidente también prometió más inversión social en las zonas de producción y descartó reiniciar la fumigación aérea con el herbicida glifosato.

Colombia quiere reducir las áreas de cultivo a 150.000 hectáreas y la capacidad de producción a 900 toneladas métricas para 2026, según el Ministerio de Justicia.

Esta política fue desarrollada en consulta con "2.700 líderes sociales y 274 organizaciones comunitarias" en territorios productores de coca, que serán así "por primera vez protagonistas de una política de Estado", según el Gobierno Petro.

"Damos prioridad a la lucha contra los grandes actores (del narcotráfico) y no contra los campesinos pobres, cuyo único medio de subsistencia es el cultivo de coca, ya que el Estado no les ha dado la posibilidad de sobrevivir cultivando productos legales”, explicó el ministro de Defensa colombiano, Iván Velásquez. 

Alrededor del 13% de la deforestación anual de Colombia está relacionada con cultivos ilícitos, dijo la ministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad, en una conferencia sobre drogas la semana pasada. En 2022, la deforestación en Colombia alcanzó 1.235 kilómetros cuadrados.

Casi la mitad de los cultivos de drogas se encuentran en reservas indígenas (10%), reservas forestales (15%), regiones afrocolombianas (19%) o parques naturales (5%).
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