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Los talibanes han logrado poner en vuelo por lo menos dos de los helicópteros Sikorsky UH-60A Black Hawk que fueron abandonados por la ahora inexistente Fuerza Aérea Afgana en el marco de su ofensiva para capturar de Afganistán

Las aeronaves volaron hace un par de días sobre Kandahar, la ciudad donde nació ese grupo y que representa el corazón espiritual de los talibanes en el sur de Afganistán, mientras en tierra miles de combatientes desfilaban a bordo de blindados tipo Humvees capturados al Ejército Afgano y que fueron en su momento comprados con recursos estadounidenses.

Este desfile de la victoria de los talibanes, que celebra la retirada final de las tropas estadounidenses, se produce luego de la sorprendente toma de poder ejecutada por el grupo en menos de dos semanas y que concluyó con el total dominio del país asiático.

Así mismo, videos publicados en redes sociales mostraron a otro grupo de talibanes a bordo de uno de estos aparatos sobrevolando la ciudad de Mazar-i-Sharif.

Los helicópteros Black Hawk puestos en servicio y operados de una manera profesional sugieren que por lo menos varios pilotos de la antigua Fuerza Aérea Afgana cambiaron de bando y se encontraban a los mandos de estos aparatos, ya que los talibanes carecen de pilotos calificados para operar una aeronave de estas características y complejidad.

La Casa Blanca reconoció que los talibanes han acumulado una cantidad importante de equipo militar estadounidense tras tomar el control de Afganistán luego de dos décadas de guerra.

"No tenemos todos los detalles, obviamente, de donde cada artículo del material de defensa ha ido a parar. Pero ciertamente, una buena parte ha caído en mano de los talibanes", dijo Jack Sullivan, consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca. "Obviamente no creemos que nos los vayan a devolver fácilmente", agregó.

Sullivan dijo que perder el control de suministros militares de millones de dólares a manos del enemigo es un ejemplo de "la difícil decisión que enfrentó el presidente Joe Biden en el contexto del fin de una guerra de 20 años".

Anotó que los Black Hawks fueron entregados a las fuerzas del gobierno afgano para ayudar en la lucha contra la insurgencia talibana. Pero las fuerzas gubernamentales sucumbieron ante la insurgencia islamista rápidamente, y cedieron el control de grandes almacenes de armamento y sus helicópteros.

La fuerza aérea afgana operó un total de 211 aeronaves, con unos 167 aviones y helicópteros disponibles para su uso al 30 de junio, según un informe del Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán.

Hasta el momento, el Departamento de Defensa de EE.UU. no ha confirmado cuántos de esos aviones han sido capturados por los talibanes, cuántos de esa suma aún están en funcionamiento y cuántos aviones han volado con seguridad los pilotos de la fuerza aérea afgana a una relativa seguridad en los países vecinos.

La fuerza aérea afgana operó 23 aviones de ataque A-29, cuatro aviones de carga C-130 y un total de 33 aviones Cessna Caravan, algunos de los cuales estaban configurados para misiones de ataque ligero. También voló alrededor de 150 helicópteros, que incluían por lo menos 20 helicópteros utilitarios UH-60 Black Hawk de fabricación estadounidense y 68 helicópteros MD-530 armados, así como el Mi-17, que la Fuerza Aérea Afgana estaba en proceso de retirar.

Del inventario de la fuerza aérea afgana, quizás el equipo más avanzado sea el A-29 Super Tucano, un avión de ataque turbohélice construido por el fabricante aeroespacial brasileño Embraer y modificado por Sierra Nevada, una firma de defensa estadounidense que integra el avión con sensores y armas de fabricación estadounidense.

A diferencia de un avión de combate construido para la velocidad y la maniobrabilidad en un combate aéreo, el A-29 está optimizado para misiones de contrainsurgencia donde un avión necesita volar lento y bajo para atacar objetivos en tierra. La aeronave puede ser pilotada por pilotos relativamente inexpertos y operada en entornos austeros.

Esas características lo hicieron ideal para la fuerza aérea afgana, que se estaba construyendo desde cero, pero no es una tecnología que pueda amenazar al ejército estadounidense en futuros enfrentamientos con los talibanes, según el general Mark Kelly, quien dirige el Comando Aéreo de Combate.

“Es comprensible que las personas se preocupen por cualquier capacidad que caiga en manos de personas de las que no sabemos exactamente cómo la van a usar, contra quién la usarán, si es un rifle M16 o si es un A-29 ”, dijo Kelly a Defense News en una entrevista el 16 de agosto.

"Pero basta con decir que la tecnología que está en la A-29 no es tecnología de punta", agregó. "Cuando miras el alcance y la velocidad del avión y la potencia de la computadora y la capacidad de combate... no es algo que, francamente, nos preocupe".

Si bien los talibanes podrían intentar vender aviones capturados, ninguno de los aviones o helicópteros operados por la fuerza aérea afgana contiene tecnologías sensibles que serían útiles para naciones como China o Rusia. Por otro lado, los talibanes se enfrentarían a una larga lista de obstáculos si intentaran operar el equipo por sí mismos, ya que no tienen los suficientes pilotos entrenados capaces de volar las aeronaves de manera segura, usar sus sensores, desplegar armas y realizarles el costoso y complicado mantenimiento que estas necesitan.
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