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Por: General (RA) Guillermo León León  Excomandante Fuerza Aérea Colombiana -  A raíz de la compra de aviones de combate de última tecnología que adquirirá Colombia, se ha encendido una nueva polémica en los círculos políticos y particularmente en el Congreso de la República con voces a favor y en contra de este proyecto.

Desde luego una compra de esta magnitud requiere del escrutinio público y de los debates en las comisiones respectivas del Senado y Cámara, pero lo que se debe evitar es que los temas de seguridad y defensa, que son un bien público de todos los colombianos, se conviertan en un caballo de batalla político, salpicado por ideas lejanas a los preceptos constitucionales sobre los fines del Estado y crean sombras sobre un tema que debe ser claro y trasparente para todos. El remplazo de nuestra flota de aviones de combate es, a todas luces, una necesidad inminente e inaplazable para alcanzar una disuasión que garantice la seguridad y defensa del Estado.

La flota actual de aviones Kfir tiene más de 40 años de construida. Durante su trayectoria en Colombia ha sido sometida a dos procesos de modernización con el fin de mejorar sus equipos, aumentar sus capacidades y mantenerla  vigente. Si bien este proceso potencializó la tecnología de sus sistemas de adquisición y entrega de armas, guerra electrónica y navegación, acercándolo a la generación 4.5, otros sistemas, como es el caso de sus plantas motrices, los sistemas hidráulicos, eléctrico y de controles de vuelo que están entrado en una etapa de obsolescencia, se mantienen en su versión inicial. 

Esto se debe en primer término, a que muchas de sus partes y componentes corresponden a tecnologías antiguas poco eficientes (incremento del índice de fallas) y de alto consumo (combustible e insumos). En segundo término, cada día es más difícil mantener una sostenibilidad logística, las fábricas ya no producen partes y repuestos nuevos, pues solo está disponible el mercado de reparaciones que son cada día más costosas y prolongadas debido a la poca sustitución de las partes averiadas.

Las razones anteriores significan un enorme esfuerzo para mantener el alistamiento de la flota y explican su alto costo de operación. Una hora de vuelo de un avión Kfir está alrededor de los 60 millones de pesos, mientras que la de un avión F-16 está en un 50% de ese valor.
Cabe citar al  Mariscal Montgomery, líder militar británico de la Segunda Guerra Mundial mencionaba “Si perdemos la batalla aérea, perdemos la guerra y la perdemos rápidamente”. Colombia actualmente se sigue enfrentando a serias amenazas en el ámbito interno. Los Grupos Armados Organizados GAO, persisten en perturbar la tranquilidad de los colombianos ejerciendo una violencia que requiere de toda la contundencia del Estado para ser neutralizada y en la cual los Aviones Kfir han sido efectivos.

En el caso del narcotráfico, el país ha logrado reducir al mínimo el uso ilegal de su espacio aéreo para el tráfico de estupefacientes y esto, gracias a un sistema de defensa con radares y aviones interceptores de alto rendimiento, fundamentales para cumplir esta tarea.

Adicionalmente, Colombia enfrenta una situación compleja en su vecindario. Por un lado, un gobierno dictatorial, compulsivo e impredecible que frecuentemente hace gala de su poder aéreo amenazando con enviar sus aviones Sukhoi para atacar la capital. Lo anterior aunado a los frecuentes incidentes en la frontera común, acompañados en algunos casos, con violaciones del espacio aéreo nacional que puedan desembocar, eventualmente, en la materialización de dichas amenazas y donde nuestra única defensa está representada por nuestros aviones de combate

Por el otro lado, en el Mar Caribe el país tiene un tema de fronteras marítimas por definir. Las pretensiones de Nicaragua con el respaldo de Venezuela y los intereses de Rusia y China en el sector, hacen necesario contar con una fuerza disuasiva que respalde las decisiones futuras de nuestro gobierno. Hechos como la expulsión de espías venezolanos y funcionarios de la Embajada de Rusia, demuestran la intención y confirman las amenazas. Es preocupante  el caso de un venezolano quién realizó actividades de inteligencia sobre la Base Aérea de Palanquero, la Unidad Estratégica más importante del país. 

Desde el año 2013 la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) de manera juiciosa y responsable, inició el análisis y estudio para prever dicho escenario. La necesidad se presentó al gobierno anterior, pero, por razones coyunturales o políticas, la decisión se aplazó. Sin embargo, la FAC ha mantenido vigente dicho estudio, definiéndolo como horizonte de operación de los aviones Kfir para el 2023.

Si tenemos como límite para realizar el cambio el año que se menciona, estamos ante una decisión que es inaplazable y que de no hacerse, el Gobierno Nacional debe asumir la responsabilidad de haber dejado desprovisto al país de su capacidad estratégica más importante. 

Dicho proceso de cambio requiere de dos aspectos: un estudio de financiación por los significativos costos que implica la compra, transfiriendo en el tiempo el pago de la deuda y manteniendo el equilibrio financiero del Estado; y el asumir los procesos largos y dispendiosos que conlleva este mismo proceso, pues la negociación y firma del contrato puede tardar como mínimo un año a un buen ritmo y otro año más para ver salir de la línea de producción el primer avión aterrizado en Colombia.

Estamos contra la pared en lo que se refiere al tiempo. Por eso, debemos reflexionar sobre lo que significa esta capacidad estratégica y tomar la decisión de invertir en la modernización de los aviones como garantía de seguridad y defensa para nuestro país, pues de lo contrario, no tendremos cómo remplazar nuestra flota Kfir, quedando en extrema vulnerabilidad.

Con el paso de los años, todas las capacidades estratégicas para la defensa del país se van degradado, lo que está pasando con los aviones de combate, también está ocurriendo con las capacidades terrestres y navales, las cuales eventualmente deben ser recuperadas y mantenidas.  Ahora, pensemos en cuanto le cuesta al país en vidas humanas la prolongación del narcoterrorismo y sus estelas de miseria, pobreza y desplazamiento. 

Cuánto nos costaría si fuéramos objeto de ataques aéreos, la recuperación de infraestructura critica afectada (infraestructura petrolera, eléctrica, vías, productiva y comunicaciones). Si cuando nosotros le instalamos un sistema de alarma a nuestra casa o vehículo no lo consideramos como un gasto sino una necesidad para proteger nuestro patrimonio, el país demanda la protección de la vida y el patrimonio de todos los colombianos.
El General (RA) Guillermo León León, autor de esta columna, fue comandante Fuerza Aérea Colombiana en los años 2013 a 2015.
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