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El 1 de marzo de 2008 pasará a la historia de las Fuerzas Armadas de Colombia como una fecha decisiva en la lucha contra las organizaciones narcoterroristas. Ese día en una quirurgica operación de bombardeo se dio de baja a alias Raul Reyes, el segundo comandante de las Farc, y marcó un punto de inflexión en la guerra contra ese grupo subversivo.

Su nombre real era Luis Edgar Devia Silva, quien al momento de su muerte tenía 60 años de edad y 38 de formar parte de esa guerrilla, después de haber sido sindicalista y aspirante a la política en el departamento del Huila. Fue conocido como la mano derecha de Manuel Marulanda Vélez, alias "Tirofijo" y estuvo a cargo del Frente tercero de las Farc, que operaba en los departamentos de Putumayo, Huila y Caquetá.

Toda la operación fue cinematográfica, desde la localización del campamento en territorio ecuatoriano, pasando por un bombardeo de precisión y saturación nunca antes visto en latinoamérica, hasta llegar finalmente a un desembarco helicoportado de fuerzas especiales en el campamento guerrillero.


La localización del campamento fue posible gracias a un informante y, según declaraciones de una fuente militar anónima, a que Raúl Reyes hizo uso de un teléfono satelital​ para recibir el 27 de febrero una llamada de Hugo Chávez, quien le informó sobre la liberación de rehenes en aquel día

Con la autorización del presidente Alvaro Uribe Velez, el entonces comandante de las Fuerzas Militares, General Freddy Padilla de León, da la luz verde a las tripulaciones de la Fuerza Aérea Colombiana que van a lanzar las bombas inteligentes y a los pilotos de helicópteros y unidades de fuerzas especiales de las Fuerzas Militares que serán los encargados de copar el objetivo y recuperar el cadaver del líder guerrillero junto a la valiosa información de inteligencia que tenían sus computadores personales.

El ataque comenzó al filo de la media noche de ese 1 de marzo, el líder de las FARC se encontraba en Ecuador a unos 1.800 metros de la frontera con Colombia y hasta ahí llegaron tres aviones de ataque A-37 Dragonfly equipados con las modernas bombas de guía GPS y láser GBU-12, entregadas unos meses antes de manera especial por la CIA y el gobierno de los Estados Unidos a la Fuerza Aérea Colombiana, con el único fin de bombardear objetivos de alto valor. Además de estos aviones, una escuadrilla de seis Super Tucanos serían los encargados de saturar con bombas convencionales el resto del campamento terrorista.

Después que los aviones de ataque descargaran más de una docena de bombas sobre el objetivo, helicópteros de asalto UH-60 Black Hawk apoyados por helicópteros artillados AH-60 Arpía incursionaron en territorio ecuatoriano para desplegar a los experimentados comandos colombianos y policías judiciales, quienes en la mitad de la oscuridad y empleando visores nocturnos, descendieron en rapel sobre los destrozados arboles de la selva ecuatoriana para consolidar el sitio y buscar el premio mayor, el cuerpo del fallecido cabecilla terrorista.

En medio del caos y del aturdimiento provocado por las ondas expansivas de las bombas, los pocos terroristas que quedaron vivos luego del bombardeo hostigaron con ráfagas de fusil a los militares colombianos. Sin importar el fuego los avezados soldados avanzan hasta encontrar entre los escombros el cadáver de un hombre con barba y gruesa barriga. 

Objetivo logrado, el cuerpo del infame jefe guerrillero fue identificado por su anillo de bodas y un reloj Rolex que siempre lo acompañaba, además del reconocimiento de sus marcas particulares como su estatura, un tatuaje, cicatrices y huellas digitales que tenían las autoridades de él. De una manera expedita el grupo de comandos asegura el cuerpo y lo embarcan junto con una gran cantidad de computadores, discos duros y memorias USB en los helicópteros Black Hawk que esperaban la conclusión de la operación para evacuar a los militares colombianos. 

Mientras esto sucedía el presidente Uribe llama por teléfono a su homólogo ecuatoriano Rafael Correa y le comenta que ha habido un enfrentamiento que ha rebasado la frontera. Han muerto un soldado y una veintena de guerrilleros, entre ellos Raúl Reyes. Correa se inquieta y pregunta de manera insistente: "¿Dónde cayó Reyes?". "Estoy casi seguro que en territorio de Ecuador", responde Uribe. 

El presidente colombiano admitió tiempo después que omitió decirle que era una operación planificada "Asumo mi responsabilidad. Pero si lo hubiera comunicado antes, estoy seguro de que todo hubiera fracasado".

De igual manera los comandantes militares llaman a la cúpula militar ecuatoriana. "La reacción fue solidaria. Les dimos las coordenadas del lugar y les dijimos que habíamos dejado a 44 hombres para hacerles entrega de todo" aseguró en su momento el General Padilla de León citado por el diario El País.

Pero algo cambia luego de varias horas, la inteligencia colombiana en Ecuador alerta de una acalorada reunión del presidente y los mandos militares. Correa decide detener a los militares y agentes colombianos que aún se encuentran en territorio ecuatoriano. Sin otra escapatoria, los 44 hombres se adentran en la selva, dando un gran rodeo para evitar tanto al Ejército ecuatoriano como a las FARC y tras 11 horas de caminata cruzan a Colombia. La Operación Fénix ha terminado.

Este evento generó una grave crisis diplomática entre Colombia y Ecuador, debido a la violación de la soberanía Ecuatoriana. A esta se le sumó el presidente venezolano Hugo Chávez quien en apoyo al gobierno de Rafael Correa ordenó movilizar 10 batallones de unidades blindadas venezolanas y los los nuevos aviones Sukhoi Su-30 MK2 a la frontera, retirar a todos los funcionarios venezolanos que se encontraban en Bogotá.

Las autoridades ecuatorianas que acudieron a la escena de los hechos encontraron los cadáveres de al menos quince guerrilleros, muchos de los muertos vestían paños menores y pijamas cuando su campamento fue bombardeado. El presidente Correa calificó la operación de "masacre" y no un enfrentamiento o "persecución en caliente".

Con información de: El País - Radio Nacional - The Washington Post

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