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En la tarde del 18 de febrero de 2026, un vehículo blindado tipo Titán del Ejército Nacional fue impactado por un artefacto explosivo instalado en un área preparada en el sector Puente Caranal, municipio de Arauquita, departamento de Arauca. De acuerdo con la comunicación oficial de la Brigada 18, unidad orgánica de la Octava División del Ejército Nacional, el ataque (atribuido a la comisión Camilo Cienfuegos del del grupo terrorista Ejército  Liberación Nacional - ELN) dejó herido a un suboficial que sufrió fracturas en los tobillos y fue evacuado a la ciudad de Arauca para recibir atención especializada. Tras la acción, se registraron combates entre las tropas y los insurgentes en la zona.

Las fuertes imágenes del vehículo afectado permiten realizar una evaluación técnica preliminar sobre el comportamiento estructural de este tipo de blindados frente a una detonación de alta energía. El patrón de destrucción observado (con una severa deformación en la parte frontal inferior derecha del vehículo, desprendimiento de chapas de acero y colapso parcial del compartimento delantero) es consistente con la activación de una carga explosiva al paso del automotor, posiblemente bajo el eje delantero o ligeramente lateralizada. La onda expansiva habría impactado el plano inferior, transmitiendo energía directamente al chasis y a la cápsula de protección.

Lo más relevante desde el punto de vista de seguridad de la tropa a bordo es la falla estructural visible en zonas de unión y soldadura, particularmente en el sector donde se integra una puerta lateral derecha a la cápsula blindada. En este tipo de vehículos, desarrollados sobre plataformas comerciales reforzadas, la geometría obliga a generar discontinuidades estructurales que pueden convertirse en puntos de concentración de esfuerzos ante una explosión. La evidencia gráfica sugiere que la ruptura se produjo precisamente en esas áreas críticas, comprometiendo la integridad de la cápsula de seguridad que debería aislar a la tripulación de la onda expansiva.

El hecho de que no se registraran víctimas fatales sugiere que el blindaje cumplió su propósito: contuvo la fragmentación secundaria, evitó la penetración total de esquirlas y mitigó el efecto letal inmediato que una carga de similares características habría producido en un vehículo sin protección. Las fracturas en los tobillos del militar herido son coherentes con el patrón típico de una explosión bajo el vientre del blindado, en la que la onda expansiva genera una aceleración vertical súbita del piso que se transmite directamente a las extremidades inferiores.

En este caso la estructura presentó fallas en puntos críticos y permitió la transferencia de energía al habitáculo, a pesar de que el sistema de protección logró absorber y disipar una parte significativa de la onda expansiva, reduciendo el impacto potencialmente mortal del artefacto.
Terroristas del ELN destruyeron un blindado TITÁN del Ejército de Colombia en Arauca
Terroristas del ELN destruyeron un blindado TITÁN del Ejército de Colombia en Arauca. Foto: Erich Saumeth
Luego de conocer los efectos de este ataque se evidencia la diferencia conceptual y estructural entre los vehículos blindados adaptados localmente con elementos de ingeniería básica y aquellos concebidos desde su origen bajo estándares militares internacionales. Por ejemplo. las plataformas blindadas desarrolladas bajo doctrina MRAP, no incorporan la protección como un complemento, sino como el núcleo del diseño. Su arquitectura integra cascos en V que canalizan y desvían la onda expansiva, cápsulas monobloque certificadas bajo estándares internacionales y asientos suspendidos que aíslan al ocupante del piso para reducir la transferencia de energía vertical. En estos vehículos, la geometría, los materiales y la ingeniería estructural están pensados desde el primer trazo para resistir explosiones bajo el vientre del vehículo y emboscadas con artefactos de alta potencia y fuego nutrido.

En contraste, los blindados construidos sobre chasis comerciales reforzados (como el Titán de fabricación nacional) obedecen a una lógica de optimización de recursos, rapidez de producción y facilidad de mantenimiento. Aunque ofrecen un nivel relevante de protección balística y cierta resistencia frente a explosivos, su configuración estructural parte de una plataforma originalmente diseñada para transporte y uso comercial y no para escenarios de conflictos de alta intensidad, lo que implica limitaciones inherentes cuando se enfrentan a artefactos explosivos improvisados de alta poder.

En un departamento como Arauca, donde el los grupos terroristas ha consolidado el empleo sistemático de áreas preparadas con explosivos contra movimientos tácticos de la Fuerza Pública, la variable decisiva ya no es únicamente el blindaje balístico frente a proyectiles de fusil (filosofía empleada en este tipo de blindados). El factor determinante es la resistencia estructural ante cargas explosivas de alto poder, muchas de ellas diseñadas específicamente para atacar el vientre del vehículo y maximizar la transferencia de energía hacia la tripulación. En este entorno operacional, la geometría del casco, la calidad y continuidad de las soldaduras, el diseño del piso, la absorción de energía del tren de rodaje y la integración estructural de puertas y accesos dejan de ser detalles técnicos y se convierten en factores críticos de supervivencia.

La amenaza ha evolucionado, y los medios de protección deben hacerlo al mismo ritmo. Cuando el adversario emplea artefactos explosivos improvisados con cargas de gran poder, no basta con blindar o reforzar un chasis comercial ni con añadir planchas de acero balístico sin mayores estudios de supervivencia. Se requiere una arquitectura concebida desde su origen para disipar, desviar y absorber la onda expansiva, con estándares de certificación internacional y pruebas controladas que validen su desempeño. 

Persistir en iniciativas con niveles de ingeniería limitados frente a una amenaza de esta naturaleza implica asumir riesgos que terminan trasladándose a los soldados en el terreno. La protección de los soldados no puede depender exclusivamente de la disponibilidad presupuestal inmediata o de la facilidad de ensamblaje, sino de criterios técnicos verificables y comparables con los mejores estándares internacionales.

Este es el segundo vehículo blindado Titán que ha sido destruido en ataques terroristas. El primero de estos blindados fue completamente incendiado por integrantes de un grupo al margen de la ley en El Plateado, departamento del Cauca, durante un ataque perpetrado por disidencias de las FARC-EP, en el que la tripulación pudo evacuar sin sufrir heridas graves.

La Brigada 18 del Ejército de Colombia anunció interpondrá las denuncias correspondientes ante las autoridades competentes por esta acción perpetrada por integrantes del ELN, quienes reiteradamente infringen el derecho internacional humanitario y vulneran los derechos humanos. En todo el departamento se han reforzado los dispositivos de seguridad para proteger las instalaciones militares, salvaguardar a la población y contrarrestar el accionar criminal de este grupo armado ilegal.
Terroristas del ELN destruyeron un blindado TITÁN del Ejército de Colombia en Arauca
Terroristas del ELN destruyeron un blindado TITÁN del Ejército de Colombia en Arauca
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