“Cuando llamé a mi familia después de la liberación, no sabían si llorar o alegrarse, mi hermana contestó y gritó ‘Mamá, Jonathan, Jonathan’ y al fondo escuché que todo el mundo gritaba. Después pasó mi mamá y me dijo que me extrañaba y que cómo me encontraba”, relata el Sargento Segundo Jonathan Mora Ocampo.

Este Sargento Segundo, Jonathan Mora Ocampo, héroe multimisión del Ejército Nacional, fue una de las tantas víctimas del conflicto que sufrió el flagelo del secuestro en el departamento de Nariño, en medio de una emboscada.

Transcurría el año 2013, un 11 de septiembre, día en el cual se conmemora a las víctimas del ataque terrorista a las Torres Gemelas en la ciudad de New York, pero esta vez, la historia sería en territorio colombiano.

“Estábamos en una operación táctica, si mal no recuerdo fue la operación ‘Sansón’. Dicha operación era en contra del Eln que delinquía en esa zona, nos encontrábamos en el Vergel, municipio de Samaniego en Nariño. La misión era encontrar un campamento de guerrilleros”, así lo relata este Sargento Segundo.

Y continúa, “íbamos cuatro cuadros, 20 soldados profesionales en infiltración durante toda la noche. Llegamos al sitio en la mañana y no encontramos nada. Después se hizo un desplazamiento hacia el occidente en donde se encontraron equipos botados”.

Jonathan Mora Ocampo, actualmente Sargento Segundo, se encuentra trabajando en el Comando Brigada Móvil N.38 en la Unión Panamericana-Chocó. Prestó su servicio militar en el Batallón de servicio N.8 Cacique Calarcá, en Armenia, Quindío. Y fue tanto el gusto por la vida militar, que decide incorporarse e ingresa a la Escuela de Suboficiales, en donde después de año y medio sale como Cabo Primero.

Después de la escuela militar de suboficiales, el comando del Ejército lo designa para una misión en Casanare, Yopal, ahí dura dos años, después sale trasladado a la Brigada Móvil N.3 en La Macarena, Meta con la Fuerza de Tarea Omega en donde también dura dos años.

De ahí sale trasladado para Bogotá, al grupo Tequendama de Caballería. Posteriormente va las Fuerzas Especiales N.12, con sede en Florencia pero agregados en Pasto, Nariño donde ocurren los hechos anteriormente relatados.

Y aquí continúa el relato de su historia. “Yo siempre estuve en la parte de atrás brindando seguridad en la retaguardia. Al medio día nos devolvimos, montamos seguridad, descansamos un poco, porque habíamos caminado toda la noche y medio día. Cuando a la 1:45 p.m. escuché un ‘bombazo’ el cual desafortunadamente me esquirló en toda la parte baja de la pierna derecha, más exactamente en el peroné”.

“En ese momento doy la orden de disparar pero recibíamos muchas ráfagas y tocó replegarse, en ese momento quedo solo y reporto que estoy herido. Duré escondido como una hora y me fui hacia la parte de alta de un cerro. Como a la hora y media fui impactado por una bala en la misma pierna, esta vez a la altura de la rodilla, con un fusil calibre 556, duré tendido casi dos horas”, cuenta el Sargento.

Tras dos horas de estar herido, este uniformado es encontrado por guerrilleros del frente 19 de las Farc que estaban en esa zona, lo retienen, le dice que suelte su arma y que le iban a respetar la vida.

“En ese momento me llevan con ellos y ahí comienzo la travesía del cautiverio, donde me retiene alias “Bruno” del frente 19. De ahí me llevan cerro arriba, hasta una casa en donde me prestan los primeros auxilios, digámoslo así.

Al tercer día es entregado a un comité de la Cruz Roja Internacional, posteriormente es trasladado al hospital de Pasto, en donde le hacen un dictamen médico y es remitido al Hospital Militar en Bogotá, donde dura casi dos meses en recuperación.

“Cuando estuve retenido sentí mucho miedo, pensé mucho en mi familia, en mi hija, de que no los volvería a ver. Nunca se me pasó por la cabeza estar secuestrado, ya había estado en combates fuertes, pero nada de retención”, dice el Sargento Segundo.

Finalmente, este soldado de la patria y un héroe más que estuvo a punto de perder su vida por salvaguardar y cuidar la del resto de los colombianos, comenta que la Fe en Dios nunca se puede perder, que no importan las dificultades del cautiverio, lo único es motivarse y jamás perder la esperanza.

Ahora, Jonathan Mora Ocampo, Sargento Segundo, apoya al Ejército en la parte administrativa, en donde se ha sentido muy a gusto y le ha ido muy bien, así lo expresa.

Por: Manuel García Riaño – CGFM

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