Colombia  barreminas Hitachi BM307-V20
Para realizar las labores de desminado humanitario, el Ejército Nacional emplea barreminas Hitachi BM307-V20.
 (www.webinfomil.com // Prensa Mindefensa) - Por estos días, la temperatura en la vereda Roma, del municipio de El Carmen de Bolívar (Bolívar) alcanza, a la sombra, los 38 grados centígrados. Bajo el cielo despejado y dentro del traje de protección, donde el calor puede llegar a duplicarse, un pelotón de la Armada Nacional busca lo que podría ser un campo atestado de minas antipersonales (MAP).

Durante seis meses, estos 45 hombres del Batallón 60 de Desminado Humanitario han inspeccionado 58.723 metros cuadrados en las veredas Roma, Cansona y San Francisco de El Carmen de Bolívar y han encontrado dos minas antipersonales y una granada.

El comandante del pelotón, sargento segundo Javier Moreno Dorado, califica el proceso para el desminado como “largo y riguroso”, pues a pesar de que cuenta con dos máquinas especiales para hacer barridos y modernos equipos de ubicación manual, muchas veces las condiciones geográficas obligan a que la tropa inspeccione, centímetro a centímetro, zonas amplias donde la población afirma que hay presencia de MAP.

“Instalar una mina toma 5 minutos, mientras que destruirla tiene un proceso mucho más largo que puede tomar días, semanas o meses”, explica Moreno, quien agrega que la mayor dificultad es la ubicación de estos artefactos, pues, por ahora, no hay información sobre los lugares exactos donde fueron sembradas: algunos guerrilleros fueron dados de baja en combate y otros simplemente olvidaron cuántas instalaron o dónde lo hicieron.

Además, agrega, “la neutralización y destrucción de una mina es un trabajo que acarrea gastos en compra de equipos de detección y protección, combustible para la maquinaria y el traslado de personal, víveres y sueldos de personal, eso sin contar el riesgo en vidas humanas y las condiciones climáticas de esta parte del país”.

Moreno dice que, en promedio, la instalación de una MAP puede costarle a los guerrilleros cinco dólares, mientras que la destrucción vale doscientas veces más, una cifra que coincide con la manejada por el Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonales (Paicma).

“Una batería o fuente de poder de 9 voltios cuesta tres dólares. El dispositivo, que puede ser una jeringa, un hilo de tensión o un gancho de ropa, puede costar un dólar y el contenedor puede ser un frasco de avena o cualquier recipiente plástico. Además, el explosivo y los químicos que usan, como heces humanas, son caseros y sirven de insumo para sembrar varias minas”, revela el suboficial.

Solo en El Carmen de Bolívar, el pelotón del sargento Moreno lleva 17 minas desactivadas en 4 años. Muchas de ellas, asegura, tenían explosivo R1, pólvora negra, metralla (balines, vidrio, alambre de púa) y desechos orgánicos que al contacto con la herida desarrollan infecciones internas que aceleran la presencia de gangrena y obligan la amputación de la extremidad.

Desminado humanitario
Durante seis meses, estos 45 hombres del Batallón 60 de Desminado Humanitario han inspeccionado 58.723 metros cuadrados en las veredas Roma, Cansona y San Francisco de El Carmen de Bolívar.
Desminando la guerra, cultivando la paz

En cumplimiento a la Convención de Ottawa, firmada por Colombia en 1997, cerca de 500 hombres de las Fuerzas Armadas se han dedicado a destruir las minas enterradas a lo largo del país por los grupos armados ilegales, una labor de paz que ha salvado a cientos de personas y niños de morir o quedar con algún tipo de lesión.

Desde 2005, el Ministerio de Defensa Nacional, a través del Batallón de Desminado No. 60 ‘Coronel Gabino Gutiérrez’ (Bides), al mando del coronel Henry Palomino, ha logrado declarar los municipios de El Dorado (Meta), San Carlos (Antioquia) y Zambrano (Bolívar) como libres de MAP.

En 2014, 149 personas han sido víctimas por minas, 26 de ellas murieron –20 militares y 6 civiles– y 123 resultaron heridas. El uso por parte de los grupos armados ilegales se debe, principalmente, a una estrategia para combatir el plan de erradicación de cultivos de droga que desarrolla el Gobierno nacional.

De hecho, recientemente el viceministro de Defensa para las Políticas y Asuntos Internacionales, Jorge Enrique Bedoya, denunció que “con acciones violatorias a los Derechos Humanos, los terroristas quieren evitar la erradicación de cultivos ilícitos”.

De todas maneras, el Comandante del Bides reafirma: “la misión de nosotros es limpiar el país de las minas que han sembrado los terroristas en todo el territorio nacional, obedeciendo a unos estándares internacionales”, y agrega que en la actualidad el batallón cuenta con nueve pelotones.

“Hay unos municipios que están más contaminados que otros. Por eso no tenemos una cifra exacta de cuánto tiempo nos tomaría desminar un determinado municipio, porque a veces el número de MAP se incrementa debido a que existen terroristas que continúan realizando esta práctica asesina”, denuncia Palomino.

En junio pasado, la Instancia Interinstitucional de Desminado Humanitario, integrada por el Ministro de Defensa, el Inspector General de las Fuerzas Militares y el Director del Paicma, amplió a 92 el número de municipios susceptibles para tareas de desminado humanitario.

De este número, ocho cuentan con operaciones a cargo del Bides y otros cinco han sido asignados a Dhalo Trust, única organización civil acreditada para esta tarea en el país. El trabajo de desminado es tan arduo que de los 32 departamentos, 31 tienen denuncia de alguna presencia de minas.

Desminado humanitario
Sólo en El Carmen de Bolívar, el pelotón del sargento Moreno lleva 17 minas desactivadas en 4 años. Muchas de ellas, asegura, tenían explosivo R1, pólvora negra, metralla (balines, vidrio, alambre de púa) y desechos orgánicos que al contacto con la herida desarrollan infecciones internas que aceleran la presencia de gangrena y obligan la amputación de la extremidad.
De regreso al campo

En plena zona rural de El Carmen de Bolívar por lo menos 120 familias campesinas han recuperado 1.500 hectáreas luego de que se desminaron sus tierras y se acogieron a los programas de restitución.

Aquí hicieron presencia durante 13 años los hombres del terrorista de las Farc ‘Martín Caballero’, responsable del desplazamiento del 77,6 por ciento de la población en 1994 y dado de baja el 24 de octubre de 2007 tras un bombardeo realizado por la Fuerza Aérea en la operación ‘Alcatraz’.

Los cultivadores de la zona reconocen que la agricultura es la mejor y única opción que tienen para comenzar de nuevo y que el barrido de las retroexcavadoras que se usan en el proceso de desminado facilita la resiembra, pues el remolino de dientes metálicos y cadenas colgantes que conforma el cucharón de estas, levanta la tierra y la cierne para garantizar que no exista presencia de minas.

Cuando el cucharón golpea la tierra, levanta una nube de polvo que al disiparse deja ver un suelo arado, fértil y listo para el reverdecer del agro y el comercio en esta región del país.

Álvaro Tapia, director territorial de la Unidad de Restitución de Tierras, asegura que El Carmen de Bolívar registra el mayor número de reclamaciones de tierra en todo el país. Son cerca de 4.000 campesinos los que piden a las autoridades la pronta entrega de sus tierras no solo para abandonar su condición de desplazados, sino para aprovechar el barrido que hacen las máquinas en el desminado.

Luis Roberto Sanabria es uno de los campesinos de la zona, tiene 81 años y fue desplazado en 1999, cuando el temor de que alguno de sus nietos fuera víctima de una mina instalada por las Farc en el patio de su finca lo obligó a salir hacia el casco urbano de El Carmen de Bolívar.

El 14 de noviembre de 2013 la Unidad de Restitución de Tierras le regresó las 20 hectáreas que conforman su vivienda en la vereda Caño Negro, las cuales encontró listas para el proceso de resiembra tras 14 años de olvido.

Hoy este campesino es uno de los postulados para un subsidio del Programa de Proyectos Productivos Agrícolas que otorga el Departamento para la Prosperidad Social (DPS), un proyecto que busca el regreso de miles de campesinos para resembrar la paz.

“Las máquinas dejaron sueltica la tierra y lista para el arado –manifiesta con júbilo señalando los sembrados–. Eso me motivó para volver a sembrar ñame, maíz, plátano y ajonjolí”.

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